sábado, 6 de enero de 2018

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Competencia en los mercados de medicamentos

En los últimos cinco años los precios de los medicamentos han aumentado más que la inflación (Gráfica 1). Esta tendencia al alza es preocupante en un contexto en el que México es de los países con mayor gasto de bolsillo en salud¹ y en donde las familias destinan 64% de este gasto solo para la compra de medicamentos.² 
Fuente: Elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

También en Estados Unidos (EUA) se ha observado un aumento en el gasto en medicamentos recetados (aproximadamente 20%) entre 2013 y 2015. Un estudio publicado en The Journal of the American Medical Association, señala que esto se debe a los altos precios de medicamentos innovadores (o de patente) y al incremento de los precios de medicamentos genéricos de mayor antigüedad en el mercado.³

Recientemente, la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) publicó el Estudio en materia de libre concurrencia y competencia sobre los mercados de medicamentos con patentes vencidas en el que concluye la existencia de problemas de competencia en estos mercados que inhiben la participación de más agentes económicos, y por tanto, de una oferta de medicamentos a mejores precios. Problemas que derivan de fallas regulatorias y de política pública, principalmente.

Según este Estudio, la entrada de medicamentos genéricos al mercado es tardía y lenta. En México transcurren en promedio más de dos años entre el vencimiento de una patente y el lanzamiento al mercado del primer genérico; en contraste, en EUA la entrada es inmediata para los medicamentos más vendidos, y en la Unión Europea (UE) el lapso es siete meses. Además, existen casos en los que a pesar del vencimiento de las patentes sólo existe un oferente en el mercado (en cuatro de cada diez medicamentos).

En México los precios de los genéricos no bajan tanto como en otros países. Por ejemplo, dos años después de la entrada del primer genérico, el precio promedio de estos es 28% menor al precio del medicamento innovador. Esta reducción es menor comparada con la que se observa en la UE (40%).

Y entonces, ¿por qué los precios de los medicamentos en México no bajan lo suficiente? Desde la perspectiva del Estudio de Cofece existen al menos cuatro razones: 
  • La falta de transparencia en el sistema de vinculación entre patentes y autorizaciones sanitarias;
  • El aumento en el número de patentes que protegen a un mismo medicamento innovador;
  • La desconfianza en la calidad de los genéricos por parte de los consumidores y
  • Restricción normativa para sustituir medicamentos de marca y genéricos, cuando el médico anota en la receta sólo el medicamento de marca. 
Respecto al punto uno y dos, es importante señalar que en el sector farmacéutico la dinámica de competencia está en función de las patentes. Bajo el período de protección de una patente (20 años), el laboratorio que desarrolló el medicamento innovador no enfrenta competencia directa y, por tanto, puede fijar un precio mucho más alto que en un mercado con competencia.

Adicional a la protección de las patentes, existen otro tipo de exclusividades que permiten a los laboratorios extender el periodo efectivo de una patente (Cuadro 1). Por ejemplo, en EUA la U.S. Food and Drug Administration (FDA) otorga 12 años de exclusividad para comercializar medicamentos biotecnológicos que pueden o no correr en paralelo a la vigencia de la patente.


Cuadro 1. Tipo de protección en medicamentos: México y Estados Unidos.
Fuente: Elaboración propia con información de la FDA y Cofece (2017).

Cuando caducan las patentes y las exclusividades que protegen a un medicamento innovador otros laboratorios pueden producir y comercializar el mismo medicamento en una versión genérica a un menor precio. Así, los genéricos representan la única forma de competencia que disminuye sustancialmente los precios de los medicamentos, una vez finalizado el período de monopolio.

Para poder comercializar un medicamento genérico, éste debe contar con un registro sanitario expedido por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), el cual es un certificado de calidad, seguridad y eficacia. 

Para otorgar el registro sanitario, la Cofepris verifica con el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) que el genérico no infrinja derechos de patente. Esto se conoce como sistema de vinculación y es un mecanismo preventivo para proteger los derechos de propiedad industrial en el sector farmacéutico. 

Sin embargo, algunos laboratorios aprovechan la falta de transparencia de este sistema para retrasar la entrada de genéricos mediante largos y costosos litigios por infracción de patentes. Ya que en México, a diferencia de EUA y Canadá, no existe un instrumento que asocie directamente los medicamentos de referencia, por nombre distintivo y presentación, con las patentes y su fecha de caducidad.  

Otra estrategia que utilizan los laboratorios para bloquear la competencia es registrar más de una patente por medicamento. Es común observar que además de la patente de sustancia activa, los medicamentos estén protegidos por patentes de segunda generación como análogos, poliformos, metabolitos, intermediarios, sales o formas cristalinas, segundos usos, etc. Ello hace que la entrada de los genéricos al mercado sea aún más lenta.

Los litigios sobre patentes farmacéuticas, así como prácticas de evergreening han sido extensamente documentadas en diversos países.⁴ En el caso de América Latina periodistas de OjoPúblico realizaron una investigación trasnacional que evidencia los métodos de las farmacéuticas para prolongar sus monopolios en la región y mantener precios altos.  


También en EUA y la UE se han investigado acuerdos anticompetitivos entre laboratorios de marca y fabricantes de genéricos. Estos acuerdos se conocen como pay for delay o patent settlements, en donde el laboratorio de marca paga una cantidad de dinero al fabricante del medicamento genérico para retrasar su entrada al mercado.


Otro factor que inhibe la competencia de los genéricos es la débil respuesta de la demanda. Por un lado, aunque los consumidores conocen la existencia de los medicamentos genéricos, 54% considera que su calidad es regular y 15% tienen poca confianza en su consumo. Por el otro, el Reglamento de Insumos para la Salud restringe la posibilidad de sustituir medicamentos de marca por genéricos, cuando el médico no prescribe la denominación genérica en la receta.⁵

Por tanto, a medida que los consumidores no perciban a los genéricos como equivalentes de los medicamentos de marca y no puedan adquirirlos en los casos en que técnicamente sea posible la sustitución, difícilmente los genéricos alcanzarán una mayor penetración en el mercado que discipline los precios.

Los medicamentos representan un insumo elemental para la atención en salud y un bien muy sensible dentro del consumo de los hogares. Por ello, es importante garantizar su acceso a los precios más bajos posibles. Una forma de lograrlo es asegurando la entrada de los genéricos al mercado sin retrasos.


Una política pública correcta es aquella que mantenga el equilibrio entre la innovación en el sector farmacéutico (mediante las patentes) y la competencia de los genéricos en el mercado. El problema no es que existan patentes, si no que los laboratorios abusen de éstas y utilicen estrategias legales para bloquear la competencia.



¹ En 2015, el gasto de bolsillo en salud representó 44% del gasto total en salud y 3.6% del gasto de los hogares, según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
² Cifra de OECD (2017), Health at a Glance 2017: OECD Indicators, OECD Publishing, Paris. http://dx.doi.org/10.1787/health_glance-2017-en
³ Kesselheim, A. S., Avorn, J., & Sarpatwari, A. (2016). The high cost of prescription drugs in the United States: origins and prospects for reform. Jama, 316(8), 858-871.
⁴ Véase OCDE (2015). Executive Summary of the Discussion on Competition and Generic Pharmaceuticals
⁵ Cofece (2017). Estudio en materia de libre concurrencia y competencia sobre los mercados de medicamentos con patentes vencidas.






sábado, 6 de junio de 2015

La lógica de la supervivencia política en México

Para la élite política es claro que “el fin justifica los medios”. Cuando el fin se refiere a su supervivencia, los medios pueden ser varios, aunque estos impliquen participar en actos de corrupción, el clientelismo, otorgar bienes públicos, repartir beneficios privados a los miembros de la coalición ganadora, implementar malas políticas, conceder beneficios fiscales, o bien, aprovecharse de las ambigüedades de las leyes electorales o cambiar las mismas.
Si la esencia del poder es la política detrás de permanecer en el cargo como señalan Bueno de Mesquita, et. al., entonces las élites ajustan las instituciones en función de sus intereses. En México existen casos donde la élite política modificó las instituciones a fin de sobrevivir. En particular, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), durante los años en el poder, empleó diversos medios para mantenerse como la intimidación, la represión, el clientelismo, y durante sus últimos años (antes de 2000) se apoyó, principalmente, en los cambios institucionales. Si analizáramos las reformas político-electorales que se dieron entre 1963 y 1997 podríamos encontrar las formas en que el PRI fue negociando con la oposición su legitimidad democrática y su permanencia en el poder.
En 1985, Octavio Paz escribió el ensayo “El PRI: Hora cumplida”, donde diagnosticaba la situación del partido hegemónico y opinaba que el priismo tenía sus horas contadas. Para él, el movimiento del 68 de alguna forma marcaba el principio del fin, pues existía una fuerte crisis de legitimidad del partido desde ese entonces. Paz creía que era el momento de la alternancia partidista, de transitar a la democracia. Sin embargo, se equivocó y el PRI logró permanecer en el poder quince años más. Entonces, ¿cuáles fueron los medios que utilizó el PRI para sobrevivir? A diferencia de otras autocracias, la represión no fue la principal herramienta del partido hegemónico, al contrario, fue la modificación de las instituciones.
De 1963 a 1997, hubo seis fases importantes de reformas electorales (vea el cuadro 1). Durante este período, diferentes incentivos influyeron en la elección de las instituciones de selección política, de acuerdo con la teoría de Bueno de Mesquita, et. al. (2005). En cada caso resulta creíble pensar que las decisiones estuvieron motivadas por el interés de la clase política de legitimarse democráticamente y permanecer en el poder por más tiempo. No es casualidad que la mayoría de estas reformas se hayan impulsado después de disputadas elecciones presidenciales o estatales o crisis políticas o económicas.
Por citar un ejemplo, para las elecciones presidenciales de 1976, el PRI postuló al único candidato en competir. El Partido Acción Nacional (PAN), principal opositor, se negó a postular un candidato presidencial en parte por razones internas y en parte como forma de protesta. De tal forma que el partido hegemónico se encontró en un dilema entre crear un sistema de dos partidos y con ello fortalecer a la oposición, o bien, que el PAN se negará a jugar el juego y por consiguiente, crear una crisis de legitimidad. A raíz de ello, en 1977 se dio una reforma que de cierto modo estableció un tipo de compensación (los diputados de partido) para mantener al principal opositor en el juego electoral.
Ahora bien, siguiendo la teoría de Magaloni2, un factor clave para la supervivencia en autocracias de partido hegemónico son los dilemas de coordinación de la oposición. En este sentido, las reglas electorales jugaron un papel fundamental para fomentar este factor. Es claro que el PRI se apoyó en cambios recurrentes del sistema electoral para obstaculizar la coordinación de los partidos de oposición, ya que, mediante diversas reformas, el partido se favoreció de la distribución del poder, permitió la entrada a partidos pequeños, con la regla de representación proporcional, y se sub representó a partidos medianos. En general, debilitó a la oposición más fuerte y fortaleció a los partidos que no representaban una amenaza creíble. De esta manera, aumentó su poder como jugador de veto.
El ejemplo más claro, es la reforma que introdujo la cláusula de gobernabilidad3 (en 1988), que permitía alcanzar mayoría absoluta al partido que obtuviera una mayoría relativa de 35% o más de votación, por tanto, aseguraba la mayoría del PRI en el Congreso, aunado a que sobre representaba a los partidos grandes y pequeños, mientras que sub representaba a los medianos, principalmente al segundo lugar. Sin embargo, para lograr la aprobación de esta ley, el partido hegemónico debió negociar con la oposición real. Un ejemplo de negociación claro fue la reforma de 1991, donde el quid pro quo fue la transformación del nuevo Instituto Federal Electoral (IFE) como mecanismo institucional para asegurar elecciones transparentes.
En este proceso de reformas electorales, el partido hegemónico fue cediendo espacios y libertades políticas a los partidos de oposición. Así, a lo largo de este periodo, la reingeniería del sistema electoral en México estableció las condiciones para que en 2000 el proceso de democratización se materializará de una forma pacífica. En este contexto, un aspecto clave fue la negociación de la élite sobre las instituciones políticas. En conclusión, esta oleada de reformas sugiere que la resistencia del sistema de partido hegemónico en México fue resultado de un proceso constante de reformas electorales elaboradas por actores racionales, es decir, de utilizar y modificar las reglas para sobrevivir.
Cuadro 1. Reformas electorales en México entre 1963 y 1997.


Fuente: Elaboración propia con base en Molinar Horcasitas & Jeffrey A. Weldon. Reforming Electoral Systems in Mexico en Shugart M. and  Wattenberg M. P., eds. Mixed-Member Electoral Systems  The Best of Both Worlds? Oxford: Oxford University Press. Pp. 209-30. 2003.




[1] Bueno de Mesquita, Bruce, Smith, Alastair, Siverson, Randolph and Morrow, James, (2005). The logic of political Survival, Cambridge. Pg 1-36.
[2] Magaloni, Beatriz (2006). Voting for Autocracy: Hegemonic Party Survival and its Demise in Mexico. New York: Cambridge University Press pg. 1-81.
[3] [3] En ciencia política se conoce como majority-assuring electoral systems.